El regreso a México, 1918

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El viaje de regreso, de camino a su muerte, dio principio el 11 de diciembre de 1918.

Villa mandó a su secretario José María Jaurrieta para acompañarlo a cruzar el Río Bravo y llevarlo con él, a la hacienda de Tosesihua. Al encontrarse, hubo un largo abrazo de amistad intocada. Villa creía que el General venía para acompañar su lucha, a combatir a su lado, todavía contra los carrancistas.

De ese encuentro escribió José Valadés: “-Mi general esa vida de Nueva York le ha sentado bien… -No se crea mi general, dijo Ángeles, esa vida cómoda de buen burgués me ha hecho daño para la campaña, me siento caballero de salón, traigo el cuerpo entumecido…”. Los dos hombres, jefes, subordinados, amigos, se trataban de “mi general”, un saludo militar que implica, obligadamente, pertenencia al otro, obediencia al otro, respeto al otro.

Se quedó con él, comenzaron a sumarse más hombres a Villa, las batallas volvían a ganarse. El General intentaba politizar, convencer a los villistas de sus ideas. También le pidió a Villa terminar con las ejecuciones de prisioneros y las represiones a los civiles.

El General era tan pobre que, en Enero de 1919, le solicitó por carta a José Maytorena que le enviara un caballo bueno, que no sea delicado. Venía de las ciudades, venía sin caballo a hacer, otra vez, la Revolución.

Felipe Ángeles en su oficina, retrato. Colección Jorge Guerra – Fototeca Nacional INAH

Vino la batalla de Parral, y la entrega de los prisioneros al general Ángeles… que supuestamente no había regresado para seguir peleando con las armas. Al entregarle los prisioneros, en automático, se les otorgaba un salvoconducto. A todos los prisioneros, menos a José de la Luz Herrera, padre de Maclovio Herrera, el general que traicionó a la División del Norte, y que fue fusilado por petición personal del general Francisco Villa.

Ángeles había logrado cambiar parcialmente, en alguna medida, tal vez superficialmente, la violencia de Villa. Y de muchas maneras castrenses entrenó a sus hombres, pretendiendo, sin lograrlo, que se convirtiesen en un ejército disciplinado. El mayor Martín Rivera Domínguez dio testimonio de estas clases: “Para nosotros que mal sabíamos leer y escribir, y formados militarmente bajo la disciplina del general Villa, aquellas enseñanzas del general Ángeles nos ilustraban… insistía en hacernos entender la necesidad que tiene todo oficial de hacerse estimar del soldado, y a la vez, respetar…”.

En esos días, de su estancia con Villa, el General tuvo un dolor muy agudo en un pie. Comenzó a cojear, hasta que no pudo caminar. Villa personalmente lo llevó a un rancho cercano, donde había un doctor que había mandado traer que lo operó de un tumor, según las crónicas. Villa no se despegó de Ángeles durante su convalecencia, por varios días, en ese rancho.

Vino la batalla de Ciudad Juárez. Ahí participaron, en su contra, los norteamericanos, junto a los carrancistas. Y, los villistas, fueron estrepitosamente derrotados. Los militares norteamericanos destacamentados en El Paso, tenían permiso para penetrar territorio mexicano.

Así lo hicieron. Y Villa, su gente, el general Ángeles entre ellos, no pudieron vencer la superioridad bélica de los soldados norteamericanos.

Ángeles diría después: “Uno de los motivos de mis disgustos con Villa, y que originaron mi separación él, es su odio contra los americanos”.

Cuando decide separarse de Villa ya habían asesinado a Emiliano Zapata, quien pese a su reticencia de que fuese Presidente de la República, y con quien mantuvo correspondencia que no se conoce. Zapata habría dicho, en una carta: “Entre los militares a quienes puede acudirse, figura a mi entender, en primera línea, el señor general Felipe Ángeles, quien está dispuesto a ayudar al triunfo de la causa agrarista y de quien es fácil obtener promesas concretas que obliguen su honor, de cuya conservación es tan celoso”. Esto consta en el Archivo Histórico de la UNAM.

¿Pudo haber imaginado el General que podía encabezar los esfuerzos de la lucha agrarista en el Sur, después de haber peleado tanto en el Norte del país, de haber combatido a estos? No parecería tan absurdo, dado el pragmatismo que lo caracterizó.

En una entrevista concedida a una revista de aeronáutica, en 1934, el hermano de Francisco Villa, Hipólito, aseguró: “Mi hermano Pancho y el general Felipe Ángeles siempre caminaron de acuerdo en todo”. Luego explicó que el General se quedó en el campamento porque: “El Plan consistía en preparar cinco comandos… estas unidades estarían listas para entrar en acción la primera semana de marzo de 1920…ese fue el motivo de que el señor general Felipe Ángeles permaneciera en Cumbres y no acompañara a mi hermano, general Francisco Villa en la nueva cabalgata”.

De acuerdo con el testimonio del mayor Martín Rivera, ayudante del General, Villa se va el 29 de octubre por la noche, dejando a Ángeles a cargo del campamento. Al despedirse Villa, le pidió “no se me ande usted con confiancitas”.

El general Felipe Angeles saldría de ese campamento un día después. Llevaba 15 hombres de escolta, uno de ellos el mayor Félix Salas, gente de la escolta del general Martín López, cercanísimo a Villa. Ángeles había pedido, expresamente, nueve meses antes, que su escolta estuviese formada por gente de este general. Salas lo entregaría a los carrancistas, el 19 de noviembre, en la sierra de Nonoava. Fue llevado primero a Parral, y luego a la ciudad de Chihuahua, en ferrocarril.