Venustiano Carranza, Villa y la toma de Torreón

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Venustiano Carranza le había pedido al General que se uniera a ellos. Le mandó dinero para pagar su pasaje de Europa. Y el 16 de octubre de 1913, a su llegada a Sonora, fue recibido con honores. Este recibimiento es imaginado por Ignacio Solares: “… general, es mucho lo que tenemos que hablar. Pero estará cansado después de un viaje tan largo y casi es hora de cenar. ¿Gusta acompañarme?… a Ángeles le sorprendió que el corneta y el tambor de guardia tocaran la marcha de honor. El primer jefe necesitaba que es música le recordara su alta investidura cada vez que abandonaba su mesa de trabajo… qué distinta la austeridad de Madero… aquella noche, durante la sobremesa, se festejó un nuevo triunfo de las fuerzas constitucionalistas en Chihuahua, y Carranza, casi nomás por llevar la contraria a lo que se había dicho, dio como un hecho la superioridad de los ejércitos improvisados y entusiastas…”.


Felipe Ángeles y generales villistas. Archivo General de la Nación.

Recién llegado, lo nombró Secretario de Guerra de su gobierno. Por pocas horas. Porque aconsejado por Obregón y otros generales, lo convirtió en funcionario de escritorio bajo el título de “subsecretario”, para la frustración inmensa del General.

Obregón, que sería siempre su adversario, aparta desde el primer día al General de Carranza. Lo llamaba igual que Huerta: “Napoleoncito de pacotilla”.

Sobre el general Álvaro Obregón escribió Martín Luis Guzmán, en otro capítulo de El Águila y la Serpiente: “Obregón no vivía sobre la tierra de las sinceridades cotidianas, sino sobre un tablado; no era un hombre en funciones sino un actor. Sus ideas, sus creencias, sus sentimientos, eran como los del mundo del teatro, para brillar frente a un público…”.

Federico Cervantes, en su biografía del General, asegura: “La situación de los pocos exfederales que por aquella época nos incorporamos a la Revolución, era bastante penosa y ambigua porque sentíamos en el ambiente una extraña malquerencia originada, seguramente, en un sentimiento de antagonismo y de envidia hacía los militares de carrera”.

El General venía precedido de una inmensa fama pública. Ya le habían ofrecido ser Presidente de México.

Ángeles fue confinado por Venustiano Carranza a labores de oficina.

La confrontación más grande entre ambos se dio porque Carranza pretendía disolver el Ejército Federal, a lo que se oponía Ángeles.

Carranza viajaba rodeado de un gran séquito. Organizaba bailes con la sociedad local. Bebía champaña. Exigía honores militares, fotógrafos a su paso. Rara vez se dirigía al pueblo. Dice
Cervantes: “El Gral. Ángeles sentía repugnancia por aquellas poses cortesanas y permanecía
sentado apaciblemente en el carro del tren que nos conducía”.

Pasados los días, le ganó la hartura del escritorio, y se atrevió a pedirle a Venustiano Carranza, que lo mandase con Pancho Villa, a la División del Norte…

En marzo de 1914 Venustiano Carranza ordenó al general Felipe Ángeles que se pusiera a las órdenes de Pancho Villa que iba a tomar Torreón por tercera vez.


Felipe Ángeles y otros militares a caballo. Colección Archivo Casasola – Fototeca Nacional INAH.

De acuerdo con Federico Cervantes, la relación fue muy fácil desde el primer momento: “Villa no podía sentir celos por quien precedido de fama militar accedía modestamente a ponerse a sus órdenes”.

El historiador Adolfo Gilly, por su parte, asegura: “… se iba formando, en la vida y en la guerra, esa mezcla extraña de admiración y protección que el general de escuela fue sintiendo hacía Pancho Villa y sus generales, tan campesinos, improvisados y audaces como, un siglo antes, los guerreros de a caballo, los dragones de los ejércitos de su admirada Francia…”.

En esos días de la Revolución, por razones de su propia historia, de su voluntad, el General era subordinado de un guerrillero, de un líder que si bien ostentaba el apelativo de “general” nunca
había pasado por una escuela castrense. Que no había ido a ninguna escuela civil. Pocos protagonistas de la historia estuvieron tan juntos, siendo tan diferentes.

En el New York Times se publica, el 24 de marzo de 1914 una crónica, firmada por Edwin Emerson: “…Villa tiene total confianza en su capacidad para tomar la ciudad de Torreón y romper el último baluarte de Huerta antes de la ciudad de México. El general Felipe Ángeles está dirigiendo la artillería montado en su caballo. Va cabalgando de cerro en cerro para orientar del modo más efectivo el tiro de los artilleros rebeldes sobre Gómez Palacio…”

En el parte militar dirigido a Carranza, con fecha del 26 de marzo, Ángeles informa: “Hoy
tuvimos el gusto de rechazar al enemigo de Gómez Palacio en donde  tenían su cuartel general y de Lerdo después de tres días con sus noches de reñidísimos combates, estoy encantado de los jefes de estas tropas y sobre todo del general Villa que es un buen general y sobre todo un hombre de gran corazón y de altos vuelos
”.

John Reed, el famoso periodista norteamericano, escribió: “… hombres bien vestidos, comidos y equipados del ejército de Villa… la artillería emplazada, lista para la acción, dentro de un gran
círculo, con los furgones abiertos y acorraladas en el centro… el general Ángeles, un hombre de alta estatura, flaco, la cabeza descubierta; llevaba una chamarrita parda, y colgando de uno de sus hombros un mapa de guerra de México…”.

Soldado, líder, ganador de batallas, pero también protector de los prisioneros a quienes se negaba a fusilar, tal como establecía la Ley de esos días bélicos. Educado en el honor, se negaba a matar a
quienes había vencido.

Nuestro protagonista contaría semanas después: “En Torreón se había concentrado lo más granado del Ejército Federal y se habían acumulado grandes elementos de guerra. Calculo que allí pelearon de diez a doce mil federales mandados por el general Velasco. La defensa fue obstinada, mas no hábil, pues los nuestro tomaron varias veces posiciones importantes que fueron recapturadas por los federales con un gran esfuerzo… el general Velasco contaba con la llegada de grandes refuerzos procedentes de Saltillo, y tal parecía que trataba de reservar sus fuerzas y agotarnos a nosotros con una defensiva obstinada… las pérdidas nuestras fueron muy grandes. Tuvimos 550 muertos y 1 150 heridos…”.