Francisco I. Madero y La Decena Trágica

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Sobre
la relación que el militar inicia con el presidente Madero, el historiador Adolfo Gilly asegura: “Una
relación de amistad y confianza mutua se fue estableciendo entre ellos, casi coetáneos (cuatro años más joven el Presidente), formados en el antiguo régimen, influidos por la cultura francesa… ambos pertenecían a una misma generación y a una corriente amplia y difusa formada en los finales del Siglo XIX, que imaginaba una continuidad liberal y democrática de la cultura y los progresos materiales de los años porfirianos, junto con una renovación…”.

El 2 de junio de 1912 es ascendido a general brigadier.

En agosto de ese año es enviado a Morelos, no tuvo tiempo de profundizar los cambios en la educación militar, que tanto encomiaba en sus artículos.


El presidente Francisco I. Madero en una ceremonia en el H. Colegio Militar, a su izquierda el director del Colegio, General Felipe Ángeles, 1912. Secretaría de Cultura. INAH. Sinafo.FN.México

Sobre esta encomienda presidencial escribiría en 1919, cuando estaba exiliado en Estados Unidos: “Apenado por haber sido enviado a dirigir la guerra del Sur en el vasto territorio de cinco Estados, México, Morelos, Puebla, Tlaxcala y Guerrero sin que se me hayan permitido unos cuantos días para
enterarme del estado de la campaña, sacado violentamente de una ardua tarea de reorganización del Colegio Militar, iba yo en el tren de Cuernavaca…”

Felipe Ángeles no era, no fue nunca, militar exterminador de enemigos. Como se acostumbraba en esos días. No podía continuar el trabajo que en ese sentido había hecho el general Juvencio Robles.

De su estancia en Morelos la batalla más conocida se libró en un paraje conocido como “La Trinchera”. De éste se dieron distintas versiones. La más interesante, porque refleja cómo veía a sus enemigos, la escribió Ángeles años después, en 1917: “… el combate en La Trinchera duraría tres horas; desalojamos al enemigo, tomamos posesión del cerro y establecimos ahí un destacamento en un cuartel y fortificación muy confortables. El triunfo fue celebrado por la prensa y otorgado naturalmente a Blanquet, el enemigo latente del gobierno. Pero en realidad el triunfo era de Genovevo, que por diez días había desafiado desde la altura de La Trinchera a las tropas del gobierno y finalmente se iba casi intacto”.


El gobernador de Morelos, licenciado Aniceto Villamar, en Yautepec, acompañado de los generales Felipe Ángeles y Fortino Dávila, 1912. Secretaría de Cultura. INAH. Sinafo. México

Años después, cuando fue a buscar a Emiliano Zapata para invitarlo a la Convención de Aguascalientes, Genovevo de la O lo recibiría con un abrazo no exento de admiración.

El General luchaba contra la rebelión zapatista, y concedía entrevistas periodísticas, como hizo toda su vida, incluso ya encarcelado en Chihuahua, esperando sentencia de muerte

Existe constancia de la repulsión de Felipe Ángeles por el exceso de violencia en los combates bajo su mando. En noviembre de ese año, 1912, cuando informa al Presidente de su comisión, insiste en que no lograba entender el odio entre hermanos, en su dolor por la contienda. ¿Un jefe militar adolorido por la violencia de una contienda bélica?


Fuerzas federales que combatieron a Felipe Ángeles. Colección Archivo Casasola – Fototeca Nacional INAH

El Presidente y el jefe militar no volverían a reunirse hasta la noche del 9 de febrero de 1913, cuando Madero fue solo, en su coche descubierto, por él a Cuernavaca. Por la mañana el mandatario había sido escoltado por los cadetes del H. Colegio Militar, en lo que se conoce como “Marcha de la Lealtad”. Comenzaba la Decena Trágica.

Martín Luis Guzmán describe así la mañana del 9 de febrero: “… a primera hora mandó que se levantara, y viniera a verlo el teniente coronel Víctor Hernández Covarrubias, director del Colegio Militar, a quien dijo, mas o menos, estas palabras: Teniente coronel, la Escuela de Aspirantes, una parte de la guarnición, algunos civiles y otros grupos militares se han sublevado contra el gobierno. La situación, sin embargo, está dominada. Sírvase usted alistar al Colegio Militar para que me acompañe por las calles de México en columna de honor. ¿Oye usted los disparos que allá suenan? Pues son las tropas leales que terminan con la sublevación… Pasadas las siete, llegó el Ministro de la Guerra, todavía sangrante el rostro, y relató al señor Madero las circunstancias en que acababa de ser recobrado Palacio”.


Felipe Ángeles y soldado federal a la entrada de un edificio. Secretaria de Cultura. INAH. Sinafo. FN. México

Poco antes los generales Mondragón y Reyes habían ido a la penitenciaria a liberar a Félix Díaz, juntos marcharon al Zócalo, donde el general Reyes pretendió tomar Palacio Nacional, y fue vencido, muriendo. Se habían perdido muchas vidas, a eso se refería el Ministro de Guerra, general Ángel García Peña. En el combate en Palacio Nacional fue herido el general Lauro Villar, comandante de la Plaza, en su lugar, “provisionalmente”, el Presidente nombraría a Victoriano Huerta, a quien dio el mando de la columna militar que lo acompañaba en el último tramo, desde Bellas Artes, donde se habían detenido en el estudio de fotografía “Daguerre”.

Es decir, entró a Palacio Nacional acompañado del traidor que habría de mandar asesinarlo, pocos días después.

Antes de viajar a Cuernavaca el Presidente había enviado, con la petición de asilo, a toda su familia a la embajada de Japón.

Según varios historiadores Madero quería llevar los poderes a esa ciudad, según otros se discutió la idea de que el general Ángeles lo sucediese como mandatario.

Lo que siguió del encuentro en Cuernavaca es parte importante de nuestra historia.

El Presidente quería que Ángeles fuese el responsable, el jefe de la plaza de la Ciudad de México, a eso había ido a buscarlo. Y se adelantó a ordenarle que no quería “fricciones” con quien sería
su subordinado, Victoriano Huerta. Sin embargo, no lo nombró. Y Ángeles se disciplinó, la razón que le dio fue que los miembros de su Gabinete se oponían porque su grado de general estaba en trámite
de aprobación en el Senado.

Otra vez se atravesaba el muro de una tradición castrense que sigue vigente: Respetar la antigüedad en el grado. Otra vez el ascenso estaba inmerso en los usos y costumbres del poder que tanto había
criticado.

Estaría bajo las órdenes de Huerta en el combate a los rebeldes en La Ciudadela. Se trataba de un antiguo recinto de grandes muros, donde se encontraban 27 cañones y 80 mil rifles, además de un millón de cartuchos.


Francisco I. Madero, Felipe Ángeles y otros militares durante una ceremonia. Colección Archivo Casasola – Fototeca Nacional INAH

¿Qué pasaba por la mente de Francisco I. Madero? ¿Cuál fue su verdadera razón para ir a buscar a Cuernavaca al General? ¿Qué hablaron ahí, qué cambió en esas horas? El General pidió a Zapata que permitan pasar la comitiva del Presidente rumbo a México, sus papeles, su ropa quedaron en el hotel de la señora King, bajo su resguardo.

El 10 de febrero por la mañana, los dos, en el automóvil de Madero, entraron a la Ciudad de México por Xochimilco, venían con algunos cientos de soldados, el resto de la tropa llegaría horas, días
después, algunos caminando.